Carta a una adolescente

Una palabra, una mezcla de cientos de sensaciones, una idea explotada, un objetivo impuesto, una marca, una mentira también, un desahogo, momentos de felicidad, recuerdos, momentos por olvidar, odio, venganza. El amor, esa palabra. Te hablarán de magia y tú querrás creer en esa magia. Te enamorarás, o dirás que te enamoraste, porque en el colegio las amigas también dijeron y repitieron hasta la saciedad que se enamoraron. Te hablaron de sus novios y señalaron, displicentes, lastimeras, a alguna compañera que no lo tenía.

Y tú tal vez te dejaste llevar por la presión. No querías ser la solitaria señalada, pues la solitaria señalada, te dijo alguien, era una “perdedora”, una “looser, o sea”, y creíste, como ellas, que el amor era el fin, el único y más trascendente fin. Te lo habían comenzado a mostrar en las películas de Disney, muy de niña, y en los comerciales, y en uno que otro libro rosa, y en las series de televisión, y en las canciones. El amor rayo luminoso que lo cura todo, el amor magia que salva, el amor ensueño que transporta. La familia, los hijos. Tus tías hablaban de amor, tus primas hablaban de amor y las niñas que estaban a punto de graduarse susurraban sus amores durante el recreo.

Seguir leyendo: https://sentimientosutopicos.com/2013/04/

 

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